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La hidratación de la piel, ¿cómo retiene nuestra piel el agua?

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La piel es nuestro órgano más extenso. Tiene gran cantidad de funciones, como regular la temperatura corporal o actúar como escudo frente a cualquier agente (radiación, gérmenes, químico…) que pueda ser potencialmente negativo para nuestra salud. Sin embargo, la acción más importante para la que está diseñada nuestra piel es para retener la hidratación corporal.

La piel está formada por tres capas, de fuera a dentro: epidermis, dermis y grasa subcutánea. La epidermis es la capa  más externa sobre la que actuarán la mayoría de cosméticos. Su diseño especial para evitar la entrada de agentes externos hace muy difícil que estos puedan sobrepasarla. La epidermis esta formada a su vez por cuatro capas, siendo el estrato córneo la capa más externa y la que está en contacto con la atmósfera. Las otras capas reciben por orden los siguientes nombres, estrato granuloso, estrato espinoso y estrato basal.

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Capas de la piel

Uno de los procesos básicos de la epidermis es su descamación. Cada 3-4 semanas en condiciones normales, nuestra piel se renueva. Esto significa que en el estrato basal se forman nuevas células que durante todo un ciclo van cambiando de forma y composición y a su vez van pasando por las diferentes capas de la epidermis hasta alcanzar el estrato córneo. Una vez alcanzado el estrato córneo, esta célula se desprenderá de la piel.

El estrato córneo esta formado básicamente por unas células llamadas corneocitos que se alinean en torno a una serie de capas de lípidos en una estructura conocida como de “ladrillo y mortero”, donde las células constituirían el ladrillo y el mortero está formado por los lípidos. Esta estructura es la mayor responsable de la protección frente a la penetración de los cosméticos.

La hidratación de la epidermis permite que sus funciones se desarrollen con normalidad. Por ello, está dotada de gran cantidad de sustancias que impiden su deshidratación. Entre estas sustancias encontramos el factor de hidratación natural, un conjunto de moléculas como urea, lactato, glicerol… que actúan reteniendo el agua a modo de imán. Por su gran capacidad de retención de agua, efecto conocido como humectante, éstas moléculas son activos muy habituales de los cosméticos hidratantes.

Los lípidos son los responsables de formar el mortero que une las células. Ceramidas, colesterol, ácidos grasos y colesterol sulfato son los lípidos más abundantes. En los últimos años se ha descubierto su gran importancia para el tratamiento de enfermedades como por ejemplo la dermatitis atópica y por ello también son activos que encontramos muy habitualmente en las cremas que más capacidad hidratante tienen.

Finalmente, el último grupo mayoritario de moléculas que encontramos en la epidermis son las proteínas. Por una parte, la keratina presente en el interior de los corneocitos que forman los ladrillos de nuestra epidermis, y por otra las acuoporinas. Las acuoporinas son proteínas que facilitan el transporte de agua, glicerol y urea entre las células. Podemos entender que su importancia para mantener la piel hidratada sea capital. Hay algunas cremas que utilizan como reclamo publicitario la presencia o activación de acuoporinas para conseguir una perfecta hidratación de la piel.

Aunque a simple vista la piel pueda parecer un órgano simple y sin importancia, los mecanismos que requiere para su funcionamiento son extremadamente complejos. Una buena hidratación de la piel va a permitir que ésta funcione perfectamente, por ello, una pauta hidratante diaria debería ser uno de los cuidados esenciales en nuestra rutina cosmética diaria.