piel envejecimiento cronológico

Envejecimiento cronológico de la piel

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La piel es el único órgano que refleja de forma externa los cambios inevitables del envejecimiento. Desde este siglo, hemos conseguido entender los factores que contribuyen al envejecimiento de la piel y consecuentemente, podemos desarrollar de forma racional productos para prevenir y tratar este proceso.

Se pueden diferenciar dos tipos de envejecimiento en la piel: intrínseca y extrínseca. El envejecimiento intrínseco o cronológico es un proceso degenerativo que aparece consecuencia de la pérdida fisiológica de la funcionalidad  y capacidades de nuestra piel. Por su parte, el extrínseco se debe a todos aquellos factores ambientales (sol, tabaco…) que ejercen una acción negativa sobre la piel.

El envejecimiento intrínseco, cronológico o genético afecta a la estructura y funcionalidad de todas las capas de la piel. En primer lugar, disminuye la renovación de las células de la epidermis. El recambio epidérmico, que en jóvenes puede ser de 28 días, requiere 40-60 días en los más mayores. La consecuencia directa es el adelgazamiento de esta capa aumentando la fragilidad de la piel y dándole un aspecto traslúcido. La delgadez también la podemos asociar a una disminución de la capacidad protectora (aumentará la deshidratación de la piel) y de reparación de la piel (las heridas tardarán más en curarse).

Otro cambio que aparece con el envejecimiento de la piel ocurre en la unión de las capas dérmica y epidérmica. Esta unión aparece con gran cantidad de vellosidades que aumentan el área de contacto para facilitar el intercambio de nutrientes entre la dermis y la epidermis. Al envejecer, las vellosidades se aplanan y el intercambio se reduce, aumentando la fragilidad de la epidermis.

Los melanocitos, encargados de dar pigementación a la piel, también sufren el paso de los años. A medida que envejece nuestra piel, las funcionalidades de los melanocitos se alteran, apariciendo las discromías, como manchas o pecas. Como la piel es más fina y los melanocitos no funcionan al 100%, la probabilidad de sufrir quemaduras solares aumenta.

En la dermis, el número de fibroblastos va disminuyendo con el tiempo. Los fibroblastos son los encargados de producir el colágeno y la elastina de la piel, proteínas que aportan resistencia y elasticidad a la piel. Las arrugas se forman consecuencia de la desaparición de estas proteínas.

Las vasos sanguíneos encargados de nutrir la piel también van degenerando con el paso del tiempo. A su vez, las glándulas sebáceas también se atrofian disminuyendo la formación de sebo en la piel. Estos hechos aumentarán la fragilidad de la piel así como una mayor tendencia a la deshidratación.

La pérdida de la grasa subdérmica así como de los glucosaminoglucanos (ácido hialurónico), disminuyen la turgencia y tensión de la piel. La consecuencia directa es la aparición de la flacidez y los descolgamientos cutáneos. A parte del efecto antiestético que genera, disminuye la protección de la piel y la hace más sensible a golpes y moratones. La capacidad para mantener el calor corporal también se ve comprometida por la pérdida de estos componentes.

Aunque todos estos cambios se producen en todas las pieles con el paso del tiempo, la velocidad de ocurrencia depende de gran cantidad de factores. La programación genética de cada individuo ejerce una función muy importante, así como los factores externos de envejecimiento que trataré en otro post.