La relación entre el estrés y la piel

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Desde la época de los antiguos griegos y romanos, ya se le atribuia al estrés un efecto sobre la piel. No fue hasta 1964, cuando un dermatólogo alemán llamado Günter Stüttgen, propuso la asociación que relacionaba el sistema nervioso central, el sistema nervioso autónomo, las glándulas endocrinas y la piel. Günter sugirió que la piel tenía un sistema hormonal que contribuía a su regulación, y que el sistema nervioso central podía contribuir a modular la funcionalidad de la piel.

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano, representando de un 10-15% de su peso. En humanos, la piel se forma durante las primeras semanas de gestación del feto desde un conjunto celular común con el cerebro llamado ectodermo. Por tanto, en el feto, el sistema nervioso se desarrollará conjuntamente con la piel hasta un momento conocido como neurogénesis, en el que ambos sistemas se separarán. Precisamente, por este origen común, estos órganos se encuentran ampliamente relacionados y comparten muchos sistemas de regulación.ectodermo

Durante las situaciones de estrés sobre la piel, como por ejemplo la radiación UV, la piel reacciona liberando gran cantidad de hormonas. Entre estas hormonas, se encuentran la hormona liberadora de corticotropina (CRH), catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y una molécula conocida como sustancia P. La liberación de estas moléculas diversos efectos sobre la piel, modulación de las respuestas inflamatorias, formación de sebo, aumento/disminución de la microcirculación de la piel…

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En este sentido, cuando un estrés emocional se produce, el cerebro también es capaz de responder con gran cantidad de mensajeros que desencadenan muchas respuestas en el organismo. Como es de esperar, y al compartir el mismo origen germinal (recordar que tienen un origen común), muchas de las moléculas que utiliza como mensajeras, son las mismas que la piel es capaz de reconocer. Entre ellas, la más importante es el CRH.

Son múltiples las enfermedades de la piel donde se ha podido observar el efecto negativo del estrés. Psoriasis, acné, dermatitis atópica, alopecia areata o vitiligo son algunos ejemplos clásicos.

Estrés y acné

El acné es un problema de la unidad pilosebácea de la piel. En esta enfermedad hay un crecimiento aumentado de la glándula sebácea y se aumenta la producción de sebo. Este es el problema raíz que acaba produciendo el resto de acciones (hiperqueratinización, colonización de P. acnes e inflamación perifolicular) que desencadenan los signos típicos del acné, los granitos.

La CRH es capaz de inducir la formación de sebo en esta unidad pilosebácea, por tanto, no es de extrañar que en situaciones de estrés (aumenta la formación de CRH en nuestro organismo), acabe teniendo su respuesta en la piel.

Diversos estudios así lo han demostrado, el aumento de CRH lleva a alteraciones del sistema inmunológico y procesos inflamatorios que acaban desarrollando el desarrollo y/o empeoramiento de las lesiones acneicas.

Estrés y dermatitis atópica

La dermatitis atópica se caracteriza por la formación de parches en la piel inflamados que pican intensamente. Se ha visto que el estrés juega un papel muy importante exacerbando y perpetuando la aparición de estos parches.

De nuevo el sistema de la CRH vuelve a estar involucrado en la aparición de los signos del estrés.  CRH es capaz de aumentar los procesos inflamatorios en la piel y afectar a la integridad de la barrera de la piel. Todo ello acaba potenciando la aparición de nuevos brotes de dermatitis.

Hormonas y otras moléculas liberadas por el SNC exhiben gran cantidad de efectos sobre la piel. Inflamación o problemas autoinmunes son los procesos más comunmente alterados, pero no los únicos. Acabar con todos aquellas situaciones que conlleven estrés, contribuirá de forma positiva a mejorar nuestra salud dérmica.

Rinde al máximo: hidratos de carbono en el deporte

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La preparación del deportista requiere el control sobre otros aspectos a parte del entrenamiento. La hidratación es uno de los aspectos más importantes que ya traté en un post anterior. Hoy quiero centrarme en los aportes de hidratos de carbono durante las prácticas deportivas.

Los hidratos de carbono, glúcidos o azúcares, son un grupo heterogéneo de moléculas que utiliza nuestro organismo como moneda energética. Existen diversos tipos, entre ellos, los más destacables: glucosa, fructosa, sacarosa, lactosa, manosa, galactosa… La glucosa es el hidrato de carbono central de nuestro metabolismo.

glucosa
Molécula de glucosa

El organismo dispone de glucosa en dos estados. Por un lado, la glucosa circulante en sangre, que es la que utilizan las células (músculos, corazón, cerebro…) para nutrirse, y por otro, la glucosa almacenada, conocida como glucógeno, y que se encuentran en el hígado y músculos. Mantener los niveles de glucosa dentro de un margen determinado es imprescindible para la vida. En este sentido, cuando la glucosa en sangre disminuye, el hígado libera desde sus almacenes de glucógeno más glucosa al torrente sanguíneo volviendo así a aumentar su nivel. Este proceso está regulado por dos hormonas conocidas como glucagón e insulina.

Durante la práctica deportiva, el consumo de glucosa aumenta para aportar la energía necesaria para los músculos. Si la demanda se prolonga durante mucho tiempo, y no se reponen los depósitos, éstos terminan agotándose. Cuando esto ocurre, el organismo recurre a las grasas para obtener otra molécula que pueda proporcionar energía, los cuerpos cetónicos.

El aumento de los cuerpos cetónicos tiene varias repercusiones. Su aumento en sangre constituye una señal para el cuerpo de emergencia por falta de energía (en forma de glucosa), y por ello generan una sensación de fatiga. Pero además, niveles muy elevados de cuerpos cetónicos en sangre, pueden poner en riesgo la salud. Como curiosidad, los cuerpos cetónicos pueden llegar a la boca, y al ser volátiles, se pueden detectar por su agradable olor afrutado.

Cuando aportamos hidratos de carbono por de forma externa (geles, bebidas azucaradas…), le damos al organismo la oportunidad de abastecerse de una nueva vía de aporte de glucosa. En este sentido, se ha podido observar que los aportes exógenos pueden llegar a reducir el consumo del glucógeno hepátiacsmco hasta un tercio de la actividad original. Varios estudios han llegado a la siguiente conclusión: 60g/h de glucosa es el aporte óptimo para conseguir la máxima disminución de la degradación de glucógeno por nuestro organismo. Esta sería por tanto la cantidad de glucosa que deberíamos aportar cada hora para que nuestras reservas de glucógeno duren lo máximo posible.

Sin embargo, este no es el único punto a tener en cuenta. Para que la glucosa que ingerimos se pueda utilizar, primero se tiene que absorber. La velocidad con la que nuestro estómago vierte su contenido al duodeno (lugar de absorción de los hidratos de carbono), también es un punto esencial a tener en cuenta.

Hay muchos factores que regulan la velocidad de vaciado gástrico. Nos interesan 3:

  • estado de deshidratación: un estado de deshidratación extremo disminuye la velocidad con la que el estómago sirve su contenido al duodeno. Este es un motivo más para mantener una correcta hidratación durante el ejercicio. Si no bebemos, por muchos geles de glucosa que tomemos, no ejercerán ningún efecto.
  • volumen del contenido gástrico: a mayor contenido presente en el estómago, más rápido actuará. Por ello, se recomienda mantener siempre aproximadamente 0,5L de líquido en nuestro estómago, volumen que se consigue con la hidratación recomendada aquí. Más volumen podría generar dolores estomacales.
  • hiperosmolaridad del contenido gástrico: este es un aspecto más técnico y de difícil comprensión. Lo importante de este punto es que sí que influye el tipo de hidratos de carbono que tomemos.

Como acabo de comentar, el tipo de hidratos de carbono influye de manera muy importante. Por ejemplo, la glucosa tiene la ventaja de que nuestro organismo la puede utilizar muy rápido sin ejercer ningún cambio sobre ella, pero aumenta mucho la osmolaridad gástrica. Por el contrario, las maltodextrinas, no afectan a la osmolaridad gástrica, pero sí que requieren de un procesamiento previo a su utilización.

En este sentido, la mayoría de recomendaciones por organizaciones profesionales del deporte recomiendan la utilización de diversas fuentes de hidrataos de carbono, como glucosa, fructosa, sacarosa, maltodextrinas… Los beneficios de unas cubren las carencias de otras.

Es importante recalcar que todos estos consejos se basan en la realización de deportes de larga duración (más de 90 minutos), en los que podría llegarse a producir el agotamiento de los depósitos de glucógeno. Deportes de duración inferior no requieren aportes extra de hidratos de carbono. 

Para que nos hagamos una idea de los aportes de hidratos de carbono por cada producto:

  • Bebidas energéticas: contienen una media de 80 g/L de hidratos de carbono. Generalmente vienen en formatos de 0,33-0,5, por lo que nos aportarían de 30-40 g por lata.
  • Geles: aportan entre 20-30 g de hidratos de carbono.

bebidas-deporte

Recomiendaciones:

  • El factor más importante durante la realización de ejercicio es la hidratación.
  • Conseguir unos aportes de 60 g por hora de hidratos de carbono. Podemos realizar pequeñas variaciones en este dato en función de nuestro peso.
  • Utilizar mezclas de hidratos de carbono, ver que en las etiquetas de los productos vienen diferentes tipos, como glucosa, fructosa, sacarosa o maltodextrinas.
  • Consumir los hidratos de carbono a un ritmo lo más constante posible durante la práctica deportiva. El objetivo, aportar 1g/min de ejercicio. Aquí también entraria la recomendación de no tomarse nunca los geles de glucosa de golpe.
  • Precaución con geles y bebidas energéticas, ya que muchos de ellos llevan otras sustancias como la cafeína que no estaría indicado su consumo en grandes cantidades.

Posiblemente los mejores productos para las arrugas, los péptidos

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Desde los años 30 se han utilizado extractos de levadura para curar heridas por sus propiedades regenerantes y reparadoras. Entonces no se podía comprender por qué los extractos eran capaces de producir este efecto. Durante la década de los 70 y con la ayuda de numerosos estudios, se descubrió que la capacidad de generar estas respuestas en la piel residía en unas pequeñas moléculas llamadas péptidos.

Los péptidos están formados por la unión de unas moléculas llamados aminoácidos. Los aminoácidos son constituyentes imprescindibles para la vida, ya que la unión de muchos de estos conforma las proteínas. Generalmente los péptidos no suelen estar formados por más de 10 aminoácidos, mientras que en las proteínas siempre encontramos más de 100.

Los péptidos en la naturaleza tienen multitud de aplicaciones. En el ámbito de la cosmética podemos encontrar algunos que ayuden a disminuir la síntesis de melanina, teniendo aplicación en productos despigmentantes, otros que actúen sobre los capilares… Sin embargo, los que hoy nos interesan tienen su efecto sobre las arrugas de la piel.

Podemos distinguir tres grupos de péptidos dirigidos a acabar con las arrugas:

1. Péptidos señal

Firmeza, tensión, elasticidad son factores que reúnen las pieles jóvenes. Todas estas cualidades son transmitidas gracias a su alto contenido en proteínas. En la parte interior de la piel (dermis), podemos encontrar todo un entramado de proteínas, donde su mayor exponente, el colágeno, es el responsable de aportar la firmezaa la piel.collagen diagram

A medida que envejecemos, la capacidad para recuperar el colágeno perdido va disminuyendo, apareciendo los signos típicos del envejecimiento.

Los diferentes péptidos que se incluyen en este grupo actúan sobre la regulación del colágeno, aumentando su síntesis o disminuyendo su degradación.

El referente más conocido de este grupo es Matrixyl®. Matrixyl® es un pentapéptido (contiene 5 aminoácidos) que se ha visto en diversos estudios su capacidad para aumentar la síntesis de diversos tipos de colágeno, disminuyendo a nivel óptico las arrugas. En el listado de ingredientes lo encontraremos bajo el nombre de palmitoyl pentapeptide-3.

2. Péptidos neurotransmisores

Esta segunda categoría de péptidos actúa de forma similar a la neurotoxina producida por Clostridium botulinum, más conocida con el nombre de botox. Realmente, el botox también es un péptido, sin embargo, no se puede aplicar de forma tópica porque es incapaz de atravesar la piel debido a su gran tamaño.

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Los péptidos neurotransmisores se diregen a las uniones neuronales cercanas a su lugar de aplicación y consiguen inhibirlas. De esta forma consiguen relajar la musculatura facial acabando con las arrugas más profundas. Son verdaderamente útiles para actuar contra las arrugas que aparecen consecuencia de la expresión facial: patas de gallo, arrugas de la frente y del contorno bucal.

Dentro de este grupo se debe destacar la Argirelina®, un hexapéptido (formado por 6 aminoácidos) que es capaz de desactivar la unión neuronal. En un estudio demostró un 27% de mejora en las arrugas tras 30 días de tratamiento. En el listado de ingredientes lo encontraremos bajo el nombre de acetyl hexapeptide-3.

3. Péptidos transportadores

Actúan estabilizando y repartiendo diversos elementos imprescindibles para diversos procesos celulares, como por ejemplo la formación de nuevos vasos sanguíneos o la reparación de heridas.

El péptido más conocido de esta categoría actúa estabilizando el cobre, un elemento esencial para diversos procesos fisiológicos que ocurren en la piel. Al estabilizarlo permite una mejor disponibilidad de este elemento, y las reacciones se producen con mayor facilidad.

El máximo exponente de este grupo es un tripéptido conocido como GHK. GHK representa los 3 aminoácidos que lo conforman, glicina, histidina y lisina. Podemos encontrarlo en nuestros productos bajo el nombre de tripeptide-1.

Hoy en día, los péptidos son una de las mejores herramientas que dispone la dermocosmética para combatir las arrugas. Sus ventajas más reconocidas son su gran efectividad, su perfil de seguridad y su bajo coste de producción. Sin embargo, aún hay un problema que tratar, la dificultad que presentan para atravesar la piel y ejercer su efecto.

Para afrontar el problema de la baja penetrabilidad se ha recurrido a dos tácticas:

  • Unión con moléculas que les ayuden a atravesar la piel. En este sentido, veremos que muchos de estos ingredientes van precedidos por la palabra palmitoyl o acetyl.
  • Formulaciones especiales que permitan su absorción, como por ejemplo los liposomas.

Los péptidos en cosmética son una de las nuevas opciones para tratar los signos del envejecimiento. Muchos de los estudios utilizados para incorporar los péptidos en los cosméticos se han realizado in vitro. Como es bien sabido, los efectos in vitro no se traducen en todos los casos a situaciones reales. Por ello, una revisión de la efectividad de estos productos tras su salida al mercado es imprescindible para corroborar su efectividad y así podernos beneficiar todos de su utilidad.